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Barco de las torres blancas  

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Mientras en mi mundo
se abre una ventana
y un ave me saluda
     su vuelo parece un pañuelo al aire
tu barco zarpa

tu voz me aguarda
en alguna esquina   aún
es un eco sabatino
con recuerdo de torres
blancas y azules
tu voz cae
desde el mismo lienzo
azul
de tu alma

Mientras
mis manos tejen
conjuros y sueños
tu equipaje lleva mis latidos
la promesa del sexto día
un reloj de arena
el mapa astral
de nuestros caminos doblado
sin abrir


Mientras sonrío
al mediodía
a mis calles
a mi especie que se calcina
sin sentirlo
tus ojos
atrapan horizontes en el mañana

Mientras tejo
tu nombre
suena la sirena
en algún lugar
ya son las 6 de la tarde
y tu barco debe partir

Desde la orilla
imagina mi corazón
como una bandera
que no se rinde

Lleva este verso a la próxima alborada
Y su música
Y su escritura
Y mi sangre.


Luis Cabrera VIGO Miércoles 30-10-2013
Ilustración:
EDOUARD MANET. “THE SEINE AT ARGENTEUIL” Impresionismo. Mar y Barcos. 1874.


Voz de Venus  

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Venus trae tu voz
mensajera de mayo en setiembre

tu voz
que juega con el ocaso
y pinta mi lienzo de escarlata

tu voz
que persigue cisnes en el espacio
e ilumina mi cielo con sus alas recién nacidas

tu voz
que se hace fuego
y calienta mi corazón
asustado de latidos

tu voz
que todo lo concibe
que todo lo baña
que se hace miel en la piel
/arrullo
/dardo certero al costado
/promesa
/latido temprano y ebrio
/al noveno día de agosto

tu voz
que se hace planeta
y estruendo
y campanas
en mi templo.

Texto: Luis Cabrera Vigo
Imagen: “Del real cielo suspendido” de Gabriela Suarez
09/09/2013

Arena y viento  

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Motivo de la arena
            ser hoja del tiempo
            ser la mano detenida
            el leve aleteo de la libelula

Motivo del viento
            llevar este canto
            diluir en las caracolas este mar
            transportar la palabra y el deseo


Arena de mis días
            a ti te canto
            devuelveme las huellas
            que el mar de los calendarios borró


Viento de mi infancia
            silba la canción del barrio
            enhebra las letras de mi primera carta


Arena y viento
de la esperanza
devuelveme el aroma
de quien tiene el reloj en sus manos.

Texto: Luis Cabrera Vigo
Imagen: "Rosa de los vientos" de Carlos Mérida

Caminando junto a tu ángel de la guarda  

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Tu ángel de la guarda vino a verme esta mañana. Venía despeinado.  Me asusté. Luego me sonrió.


Ni sol ni sombra
ni palabra ni carne
ni espuma ni voz
no pasos
no abrazos
no labios
no destello

no juramentos
no al borde del abismo
no frutas ni almíbar
no gaviotas ni cielo en tus ojos
no manos
no huellas

no ventanas
no fuegos de artificio
no timbres
no teléfonos
no relámpago
no canto

Ni piel ni cuadernos
ni aroma ni asombros
ni reloj ni brindis

Tu ángel de la guarda me acompañó toda la mañana. Era azul. Vibraba en todas las tonalidades del cian ¡Qué extraña criatura! Inocente y sobreviviente.

Caminamos desde la Universidad hasta la esquina del Chicken King. Luego subimos en un colectivo hasta Atahualpa. Pagué el pasaje de los dos y le conté que tenía que comprar unos videos en Plaza Grau. Se ofreció a seguir caminando a mi lado. Conté las monedas. Me reporté a casa. En la avenida España nos despedimos. Le encargué unos abrazos. Nos miramos. Y nos despedimos. Lo vi alzar vuelo, mientras yo me trepaba en la combi.




Texto: Luis Cabrera Vigo
Imagen: Ángel perdido - Internet

Nave para dos  

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a

Tu nave tiene brazos y se asombra. Tiene alma y una vela alta donde recaen los vientos de los cuatro cardinales. Los viajeros la contemplan desde el puerto.  Las aves se detienen como tránsito obligado antes de la próxima primavera. Se ensalzan, graznan, se perdonan antes de cada sol naranja.


b

Tu nave tiene ojos y su sombra es gigantesca: oculta medio orbe. Su designio es ignoto, mas su presencia reclama proezas. Algunos corazones arrojados ganarán sus primeras insignias al intentar ser sus primeros capitanes. Tropezarán inmisericordemente. El reloj indica las seis, la hora del viento fresco.

c
El viento nos persigue en la isla, detrás de las palmeras, a los pies de la
orilla. Arroja los dátiles y algunas aves gordas que serán nuestro alimento. De vez en cuando vale repetir la historia del maná.

d

Nadie sabe que el viento tiene guardadas las palabras que se pronunciaron al decimoséptimo día. Ahora las envuelve, las deja maduras y de vez en cuando las lanza a los campos de los abetos, las hace viajar en luciérnagas y estalla en mil flores.